En primer lugar, desde el Colectivo Fantasma queremos agradecerte que nos dediques este tiempo. Sabemos que desde hace años no…
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Kowalski: La Luján escribía los cuentitos en la app de notas de su celular y después me los enviaba. Entonces hice los dibujos y a ella le gustaron.
Luján: Es verdad. La inspiración me agarraba en cualquier parte y del tirón escribía los textos. Al final salió una cosa sencilla pero re linda.
Camila de Luca (San Miguel de Tucuman, 1981). Estudió Bellas Artes en su ciudad natal. Durante un tiempo trabajó en Buenos Aires como diseñadora para Chamaleon Music, el sello de Las Morochas y The Pizza Holigans. En 2008 se instaló en Madrid dedicándose desde entonces a la ilustración editorial.
Desde muy niña tuve ese interés. Aprovechaba cualquier papel que llegara a mis manos para hacer mis “dibujos”. Me gustaba ver lo que salía de allí. Ese interés siempre me acompañó y de forma natural, al crecer, fui buscando información y conociendo la técnica. Cuando descubrí los collages de Max Ernst me parecieron lo más…y en fin, así hasta hoy.
La verdad es que desde bien niña me atraía lo que venía de oriente. Mi primer amor fue Mazinger Z y a medida que fui creciendo el cine, la literatura y el arte japoneses entraron en mi vida y ya no salieron. Ya de adulta, viví en Japón, en Tokyo, dando clases de español a ejecutivos de empresas que habían establecido relaciones con empresas de aquí.
Marina Sonora, a quien conocí el siglo pasado en un centro de desintoxicación en Baja California, me habló de su colaboración en un proyecto artístico muy prometedor, el “Colectivo Fantasma”. Sonaba todo muy raro, pero al parecer pagaban muy bien, así que me apunté. Luego resultó que me pagaron con un clip y unas pelusas…
Me fascina encontrar en las calles esas obras, casi siempre efímeras, inadvertidas, destinadas a desaparecer. Yo soy esencialmente una urbanita y creo que fue natural interesarme por esos temas.
Fue al conocer la obra del artista israelí Aïm Deüelle Luski, cuando vi la forma de hacerlas y el resultado, el proceso me pareció mágico; una caja, un agujero y algo de material sensible, no hace falta más.