
¿De dónde viene esa obsesión por Japón?
La verdad es que desde bien niña me atraía lo que venía de oriente. Mi primer amor fue Mazinger Z y a medida que fui creciendo el cine, la literatura y el arte japoneses entraron en mi vida y ya no salieron. Ya de adulta, viví en Japón, en Tokyo, dando clases de español a ejecutivos de empresas que habían establecido relaciones con empresas de aquí.
¿Tu obra está influída por esa fascinación?
Pues supongo que sí. De alguna manera la imaginería nipona me ha influido aunque también otras muchas cosas.
¿Cómo es que contactaste con el Colectivo?
Mi amigo Luis Rosende me habló de ellos y me dijo que eran gente bastante seria. Lo cierto es que trabajar con ellos es fácil aunque a veces son muy puntillosos…
¿La idea de los fantasmas ilustres fue tuya?
No exactamente; llegamos a ella después de reunirnos varias veces. Yo tenía claro que tenía que ser algo en línea con mi estilo y después de intercambiar ideas y propuestas, ésta nos pareció ideal para poder colaborar.
¿Puedes avanzarnos algún nombre de los próximos fantasmas ilustres?
Imposible, el Colectivo manda. No puedo hablar.