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Kowalski: La Luján escribía los cuentitos en la app de notas de su celular y después me los enviaba. Entonces hice los dibujos y a ella le gustaron.
Luján: Es verdad. La inspiración me agarraba en cualquier parte y del tirón escribía los textos. Al final salió una cosa sencilla pero re linda.

Cuando murió su prima, la de Mendoza, se dio cuenta de que, antes o después, le tocaría a ella. Aquello le golpeó en la cabeza con la fuerza de una pedrada. Anduvo a las trancas varias semanas y lo único que se le ocurrió fue comprar unos boletos para el parque temático que quedaba en Buenos Aires.