
1. Háblanos un poco de tus influencias
Mi madre, una niña bien de la Plaza Vendôme, se fugó con un trapecista español del Circo Medrano que resultó ser un gran aficionado al cómic. Bueno, ella decía que en realidad mi padre era Serge Gainsbourg y que tuvo que irse con el trapecista por la presión mediática, pero yo creo que eso era sólo una fantasía en su cabeza.
A lo que voy: el trapecista me enseñó a leer utilizando cómics, así que antes de cambiar los dientes de leche ya tenía en la cabeza un batiburrillo de escuela franco-belga, Humanoides Asociados, Bruguera, Selecciones Ilustradas, El Víbora, el underground americano con Crumb, Shelton o Corben… Luego, de adolescente, llegaron las influencias japonesas y coreanas.
A todo esto, añádele influencias de otros medios: la televisión de los 70-80, el cine de todas las épocas desde Einsestein a Tarantino, la literatura de todo tipo desde folletones románticos hasta poesía experimental… Un follón de influencias que todavía no he podido ordenar, de ahí mi estilo mierdero inclasificable tanto en lo gráfico como en lo argumental.
2. ¿Cómo surge el proyecto “C’est la vie”?
“C’est la vie” es una reflexión sobre la soledad y la tristeza de las que somos únicos responsables. El melancólico protagonista que discute de literatura o de amor con su perro es una metáfora de cómo a menudo nos arruinamos la vida mediante la profecía autocumplida de “me va mal y es lo que merezco”, en lugar de salir ahí fuera y coger el toro por los cuernos.
Es una serie limitada de 10 escenas, con un final digno de una superproducción hollywoodiense, dicho sea con poca humildad.
3. Sabemos que estás inmerso en tu novela gráfica «J’ai épousé un zombie». que está ambientada en Corea. ¿Por qué Corea?
En el Circo Medrano trabajaba un tipo que hacía bailar platos encima de varillas de dos metros de altura, que resultó ser coreano y que me descubrió la cultura de ese país. Coincidió con la época en que yo estaba deslumbrado por el “Manhwa” (el Manga coreano), así que hice el petate y me fui a vivir allí unos años, a aprender in situ. La mitología y el folklore coreano son extraordinariamente ricos en lo que se refiere a fantasmas, monstruos y otras criaturas sobrenaturales, así que ha sido natural ambientar allí la historia.
Es una obra colosal, probablemente sobre 6.000 páginas que se publicarán en varios volúmenes, y no pienso mostrar ni una imagen hasta que no esté completamente terminada.
4. ¿Cómo ha sido tu experiencia en el Colectivo Fantasma?
Marina Sonora, a quien conocí el siglo pasado en un centro de desintoxicación en Baja California, me habló de su colaboración en un proyecto artístico muy prometedor, el “Colectivo Fantasma”. Sonaba todo muy raro, pero al parecer pagaban muy bien, así que me apunté. Luego resultó que me pagaron con un clip y unas pelusas, de modo que me lo estaba pensando cuando los de Colectivo Fantasma me enviaron unos convincentes representantes y, tras recuperarme de las contusiones y deshacerme de la cabeza de caballo que me habían dejado en casa, decidí colaborar con gran entusiasmo y éxito de público y crítica. ¡Miel sobre hojuelas!